jueves, 4 de junio de 2009

La antropóloga bisexual

Margaret Mead en 1935 se cogío su cabeza y sus ojos y su boli y se fué a recorrer mundo y ver qué pasaba por allí...estuvo con tres sociedades, los Arapesh, los Mundugumor y los Tchambuli y contó cosas tan atrevidas para los occidentales de aquella época como que los Tchambuli hombres gastaban su tiempo en acicalarse y arreglarse, mientras que las mujeres trabajaban y eran prácticas.
Con todo esto y mucho más escribió un libro de antropología que se llama "Sexo y temperamento" que intenta exponer que la idea esta de que hay cosas que con "naturales" de las mujeres y otras "naturales" de los hombres era quizás un poco un invento para seguir manteniendo ese sistema binario y contrapuesto (hombre fuerte/mujer débil, hombre inteligente/mujer menos, mujer sensible/hombre duro).

En su investigación se encontró con curiosos casos de creencias como estas:

-Los mundugamur de Nueva Guinea consideran que los niños que nacen con el cordón umbilical alrededor del cuello son artistas innatos e indiscutidos.

-Una tribu filipina piensa que ningún hombre puede guardar un secreto


Al ver cómo cada tribu, cada sociedad, tiene sus creencias totalmente arraigadas, cuando en realidad estas creencias parecen absurdas a ojos extraños o incluso dan la sensación de ser fruto del azar o de la libre asociación de cosas que no tienen nada que ver la una con la otra, pensó que quizás podía pasar lo mismo con los roles asignados al hombre y a la mujer.

Siguió investigando y encontró que no todas las sociedades piensan lo mismo de lo que cada uno de los sexos es por naturaleza. Mientras que en los EE.UU que ella dejaba se consideraba que la mujer, por su condición biológica de madre se debía ocupar de los niños y de la casa ya que era menos capaz que el hombre para el trabajo, y que éste sin embargo es más fuerte física y mentalmente, en otras partes del mundo, las cosas no eran así:


-Los toda consideran que la mayor parte del trabajo doméstico es demasiado sagrado para las mujeres.

-Los arapesh consideran que las cabezas de las mujeres son más fuertes que las de los hombres.

-Los manus piensan que sólo los hombres gozan jugando con los bebés.


No había que ser muy lista para darse cuenta de que eran unas creencias un tanto arbitrarias e inconsistentes, para lo que sí que había que ser lista en esa época (y Mead lo fué), es para darse cuenta de que eran tan inconsistentes y arbitrarias como las diferencias que los occidentales veían entre los hombres y las mujeres. Y que por tanto los hombres y las mujeres no son por naturaleza nada en particular, sino que es más bien la cultura la que se encarga de marcar esas diferencias y luego señalarlas como naturales.



Pues esto que hoy algunos (otros no) tenemos tan claro, no lo tenían nada claro cuando Mead vivía. Fué una mujer atrevida para su época: feminista, bisexual y practicante del sexo libre! Y lo mejor de todo es que no era la única.

4 comentarios:

  1. hola de nuevo...
    gracias por la explicación.
    la verdad es que nunca he visto pelis de temática lésbica, más allá de las escenas comerciales que se introducen en algunas películas para que suban unas pequeñas cuotas en el morbómetro. El caso es que me ha dado la curiosidad. Me harías un gran favor, si tú, interesada en el tema, me recomendaras algunas pelis que merece la pena ver.

    Por lo que leo, gran apasionada de cuestiones de género y desgénero. A mí también me interesan mucho. Hace tiempo, cuando terminaba la carrera me acerqué a Judith Butler y la teoría queer. Me gusta la idea de deshacer el género. Reinventarlo. Repensarlo. Hay una española de la que no recuerdo el nombre (Beatriz algo, creo) a la que hace poco la leí diciendo algo así como "no está claro que una persona sólo por tener una vagina sea una mujer"...perturbador y fascinante.

    En fin, parece que yo también me pasé de tamaño en el comentario.
    Seguiré leyéndote.
    Abrazos desde el Sur del mundo.

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  2. ¡Gracias! Me pongo a investigar de inmediato.
    XXY la ví, es de estas latitudes y me gustó bastante. The L word también... aunque yo quería sentirme identificada y no lo logré.

    Exactamente, era Beatriz Preciado. Plantea cosas muy interesantes pero ojo, nada de tomársela demasiado en serio.

    Me gustó la conversación interblogs. Y más me gustó el malentendido de hombros y hombres, muy en su lugar, gran lapsus diría Freud.

    Abrazos invernales brrrr qué frío.

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  3. los huecos de personas son espantosos, sólo puedo decir.
    sobre los huecos que nos vienen de serie con el cuerpo y la vida, esos no sé si habrá que llenarlos, pero seguro que pelearlos sí.
    ¿hace calor en mi Madrid?

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  4. COnstrucción somos, y supongo que necesaria para ordenar el mundo, ese empeño...

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